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miércoles, 5 de marzo de 2014

El Bitcoin en el punto de mira

Hace no mucho tiempo hablé de este activo, el bitcoin. Decíamos que era una moneda virtual que en los últimos tiempos había ganado en prestigio y valor pese a que sus orígenes son bastante inciertos y está exenta de regulación alguna. No es una moneda oficial, no es dinero en sentido estricto, si consideramos como tal una moneda emitida por un organismo oficial y generalmente aceptada como medio de pago.

Hablaba entonces de los riesgos que conlleva esta moneda. Uno, el más evidente, era su gran oscilación en el mercado, podía retribuir grandes beneficios al que inviertira en bitcoins pero también grandes pérdidas. Se puede decir que es un activo para gente que tiene poca aversión al riesgo o para aquellos que tienen tanta pasta que les da un poco igual meterse un batacazo ya que el rendimiento que pueden obtener les compensa por esa posible pérdida.

El bitcoin, que se sepa, acaba de cobrarse su primera víctima, ya que la casa de cambio Mt.Gox se ha colapsado en Japón, obligando a sus clientes a sufrir los rigores de un corralito virtual. Ante esta situación, Japón parece que será el primer país que tratará de poner un collarín al bitcoin. Al parecer, ls autoridades japonesas pretenden que el bitcoin sea tratado como lo que señalaba antes, como lo que es , es decir, como un activo similar al oro y no como una divisa. Como consecuencia, los bancos y las casas de divisas no podrán operar con los bitcoins, como sí podían hacer hasta ahora. También se pretende exigir el pago de impuestos por los beneficios que se pudieran obtener en las transacciones con este activo.


Ni que decir tiene que esta regulación que trata de imponer el banco centra de Japón es un cañonazo en toda la línea de flotación del bitcoin. Primero porque sus creadores, se apelliden como se apelliden, eran personas un poco en la clandestinidad que querían crear un modelo de pagos al margen de las autoridades financieras reconocidas y del control de las entidades de crédito. Desde el momento en que se quiere imponer un control a la transacción de los bitcoins, una regulación, su carta de naturaleza queda mancillada.

Pero quizás lo más preocupante para los creadores de la moneda virtual, y para sus usuarios, sea el impulso incontralable por parte de las autoridades monetarias de gravar fiscalmente los benficios generados en sus transacciones. A nadie escapa que el bitcoin se movía en las sombras financieras, con un grado de opacidad muy alto que lo hacía muy atractivo, como forma de blanquear dinero y de obtener beneficios “impunemente”. Lógicamente si esos incentivos se evaporan es más que probable que el bitcoin pierda mucho de su interés como activo. Y teniendo en cuenta la voracidad fiscal de los distintos gobiernos (imagínense el subidón que le puede dar a Montoro con los bitcoin…) es más que probable que esta práctica se extienda por el mundo cual tsunami, y en consecuencia que a nadie le extrañe que los que hacen el bitcoin, informáticos mayormente, lo manden todo a freir gárgaras.

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