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miércoles, 26 de marzo de 2014

Internet y el mundo

“Internet se vendrá abajo y cuando lo haga viviremos oleadas de pánico mundial. Nuestra única posibilidad es sobrevivir a las primeras 48 horas. Para eso hemos de construir —si se me permite la analogía— un bote salvavidas” (Dan Dennett , Boston, 1942)

No se trata de la profecía de un visionario excéntrico. El señor Dennett es un reputado filósofo y profesor de universidad y está considerado una de las mentes más brillantes del planeta, o al menos eso dicen, yo no lo conozco personalmente ni he leído ninguno de sus escritos. Pero sí he leído estas declaraciones al hilo de una conferencia que ha dado y me ha llamado poderosamente la atención.

Esto que dice Mr. Dennett no es nada nuevo, muchas veces se ha hablado de la dependencia que tienen los humanos de Internet y, por ser más específico, de las redes sociales. Lo que no es tan habitual es leer que alguién habla de Internet en términos tan catastrofistas. Pero en verdad el hombre de hoy tiene tal grado de dependencia de Internet hasta el punto de que la caída de la Red pueda poner en peligro su propia existencia? Mi respuesta es que no, aunque lo hago desde mi perspectiva personal, claro, desde lo que supone Internet en mi vida. Lo complicado es extrapolar eso al conjunto de la sociedad y el mundo, valorarlo de manera objetiva. Parece ser que este filósofo lo tiene muy claro, yo no lo veo para nada, sin embargo.

Es verdad que Internet se ha colado en la vida de mucha gente, marcándole sus pautas, sus costumbres, su ritmo de vida e incluso la forma de relacionarse. La red nos permite un contacto más fácil y fluído entre las personas, lo que no necesariamente quiere decir más sincero o cercano. Según Dennett, la caída de Internet dejaría al mundo en estado de shock absoluto, pero el entiende Internet en sentido amplio, es decir, no sólo la conexión a través de su navegador, sino también todos los servicios de telecomunicaciones que lleva asociados (teléfono, tv, etc).


Estoy de acuerdo en que se crearía una gran alarma social, un desconcierto brutal, incluso se podría hablar de comportamientos histéricos en muchos casos. Me viene a la memoria un suceso que ocurrió hace unas pocas semanas, cuando el archiconocido servicio de Whatsapp se cayó durante un par de horas en toda España. Me hizo gracia escuchar en la radio los comentarios de gente, mayormente joven, que declaraban haberlo pasado fatal, que se habían agobiado muchísimo, etc… Me quedé pensando que era algo realmente patético, tener un grado de dependencia tan absoluto de un servicio de mensajería por teléfono, es más, hasta en ese momento me consideré, afortunadamente, fuera de ese ridículo mundo de dependencia. Pero reflexionando sobre esa situación y ampliando su resonancia a escala mundial y permanente, como plantea el filósofo, lo cierto es que a uno le entra el canguelo y no puede dejar de sospechar si no se producirían grandes altercados públicos e incluso una ecatombe a nivel global, un sálvese quién pueda, la ley de lejano oeste otra vez en vigor.

Por eso, Dennett apuesta por recuperar las antiguas redes sociales, aquellas que no dependen de la tecnología, las que se basan en los grupos, las congregaciones, en las relaciones tradicionales. Cierto es que se encuentran en decadencia, sobre todo entre los grupos de edad más joven, supongo, pero también opino que el instinto de supervivencia del ser humano es más fuerte que su grado de estupidez, aunque quizás no mucho, con lo que al final saldríamos adelante ante un apagón permanente de Internet. Eso sí, retrocederíamos bastantes décadas en nuestra evolución, pero seguiríamos ahí, con más o menos víctimas, pero seguiríamos.

Ello no quita para que el señor Dennett tenga mucha razón cuando habla de reforzar los lazos tradicionales de convivencia al margen de la Red, pero a estas alturas de la película no dejar de ser una tarea similar a la de abandonar los vehículos de motor de combustión para desplazarnos en camello. Es decir, es, y creo que será, una tarea para unos cuantos frikis que gustamos del sabor de lo añejo, como ir a una tienda a comprar un disco o pasar las páginas de un libro y hacer anotaciones en él o doblar la esquina de la página en la que estás mientras te preparas un café o un cuenco de palomitas. Afortunadamente, siempre quedaremos ejemplares de ese pelaje.

4 comentarios:

  1. eso es lo que digo yo, el ser humano necesita un retroceso, volver a las formas de comunicación antiguas, a la mierda whatsapp y toda esa cagada!

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    1. No te falta razón. Serías un discípulo aventajado del doctor Dennett. Pero desafortunadamente la mayoría de la gente no piensa como tú. Habrá que esperar a que se colapse el sistema y volvamos a la era del imperio romano, mientras tanto, resiste! jeje

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  2. Es conveniente, de cuando en cuando, coger la pluma, boli o rotulador de punta fina y en el papel escribir lo que pensamos sobre cualquier cuestión y enviárselo a un amigo/amiga.

    Tiene la ventaja sobre internet que resulta espontáneo y corregir lo que se escribe no parece fácil, salvo que emborronemos papeles con eliminación de unos argumentos por otros.
    Un mail, nos permite anular frases, corregir incluso faltas ortográficas y en definitiva pulirnos más.

    En cuanto a lo que "anuncia" Dan Dennett de Boston, objeto de tu artículo, contradice a lo que hoy publica un especialista en Expansión. Según los destacados científicos, las conexiones entre los seres humanos a través de medios más sofisticados que internet y la posibilidad de acceder a las fuentes del conocimiento, que los qué hoy toman el azadón trabajando en China y otros grandes países dotados de inteligencia, aparecerán al mundo nuevo que se avecina.

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  3. Creo que las cartas han caído en desuso, lleva tiempo escribirlas, efectivamente es más difícil corregirlas y sobre toda hay que ponerle un sello y echarlas a un buzón. Justo todo lo contrario de lo que es nuestro ritmo de vida, es decir, nada de pausas.

    Por lo demás, estoy más con el señor Dennett que con los de Expansión, y creo que esto algún día se tendrá que ir a la porra. Lo que no está tan claro son las consecuencias.

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