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Metalbrothers201601102211

lunes, 5 de mayo de 2014

El infierno (capítulo 19, y último)


-Gran Dios, me informan de que ahí abajo se está liando una buena
-Háblame en cristiano, Santiago, cada vez nos expresamos peor y nos parecemos más a esos miserables, cómo dices?
-Pues que se están organizando, pertrechando, preparándose para la batalla
-Y qué esperabas? Qué nos pusieran una alfombra roja nada más llegar?
-No, pero… parece que están mejor coordinados de lo que podíamos sospechar
-Qué te hace pensar semejante cosa?
-Nuestros infiltrados nos indican que un tal Atila tiene bastantes dotes de mando y conocimientos sobre estrategia militar. Hasta ahora pensábamos que serían como una banda de avestruces corriendo en desbandada de un lado para otro, pero…
-Ay, San Pedro, si tuvieses un poco más de interés por la Historia sabrías que el tal Atila fue durante su estancia en la Tierra uno de los guerreros más temibles que hollaron el planeta. Por tanto, no es ninguna sorpresa. Pero con organización o sin ella, nuestra superioridad es tan abrumadora que me sorprendería que esta conflagración se extendiese más de unas horas.
-Espero que así sea
-Acaso dudas de mi palabra?
-No, pero...
-Déjate de peros y dispón todo para la invasión. Esto es algo que deberíamos haber hecho hace ya bastantes siglos, nos hemos dormido en los laureles, pero ahora por fin le pondremos remedio. Moviliza todos los efectivos, no quiero concesiones, exijo una victoria total.
-Todos los efectivos, incluso los de las galaxias periféricas, los seres divinos?
-Todos los efectivos!!! Acaso no me expreso con claridad? Todos, que no quede nadie, excepto mi guardia personal. Yo lo veré todo desde la distancia, así que deja aquí a mi escolta y llévate a todos los demás.
-Como deséeis, mi Amo. Pero no pensáis acudir al campo de batalla? En un momento como  este en el que borraremos del mapa al único opositor que se levanta contra nuestro dominio en todo el Universo…
-No le concederé ese honor a esa serpiente de Lucifer… Pero eso sí, quiero que me la traigáis con vida, su esclavitud y su condena serán la lección y la advertencia para todo aquel que ose sublevarse contra mi poder.
-No creo que se deje atrapar tan fácilmente, no con vida, al menos
-Ingéniatelas para que así sea, tendrás tu recompensa
-Sí, mi Dios



-Necesito que la temperatura siga aumentando conforme a lo señalado – ordenó Lucifer
-Las calderas están al máximo de su potencia, mi señora, y tenemos dificultades para encontrar más madera, ya sabe usted que eso es algo que nunca ha abundado en demasía en estos páramos
-Me da igual, Atila, como si tenemos que echar al fuego todo el mobiliario, como su propio nombre indica esto debe ser un infierno para cuando lleguen nuestros queridos invitados
-Las tropas empiezan a quejarse del excesivo calor…
-Quejarse?? Estarás de broma, al primero que exprese la más mínima queja arrójalo al fuego, le agradeceremos su aportación. Ahora escúchame bien. Nos enfrentamos a un enemigo con una superioridad numérica como no se ha visto en ninguna otra guerra, son siglos y siglos de reclutamiento y ya sabes que nos llevan una gran ventaja en eso. Así que debemos tirar de todos nuestros recursos para tratar de nivelar ese desequilibrio. El calor es uno de nuestros puntos a favor, ahí arriba ya no se acuerdan de lo que es ir en traje de baño, se llevarán una buena sorpresa cuando aterricen y empiecen a sudar tinta. Pero necesitamos más armas con las que combatirlos. Confío en tu pericia.
-Si, señora, estoy en ello, pero los siglos de quietud parecen haber apolillado mi inventiva, de todas formas seguro que encontraremos algo.

Dicho esto, Atila se volvió hacia la tropa y empezó a repartir órdenes para avivar el fuego del Infierno, soltando espumarajos por la boca y pensando que el Cielo se les vendría encima como no encontrasen algo con que parar a esa plaga invasora.

-Qué pasa, amigo? Te veo preocupado – comentó Morrison
-Lo estoy. Las cosas no pintan nada bien. Estamos en clara inferioridad.
-Y desde cuándo eso ha sido un problema para ti?
-Mis éxitos pasados no avalan mis éxitos futuros. Y no es una cuestión de confianza, es una cuestión de realismo. Nos enfrentamos a un ejército enemigo en una situación de inferioridad de uno a cien y debemos  compensar esa situación de algún modo si queremos equilibrar la contienda. De ahí que todos estemos sudando la gota gorda, forma parte de esa estrategia.
-Todos no, los saturnianos están en su salsa
-El grueso de nuestras tropas lo forman los humanos, más del 80% y por más tiempo que llevemos en esta cueva nunca hemos tenido que movernos en una situación tan extrema, no es fácil para nosotros, pero de todas formas será mucho peor para ellos. Con eso y con todo, no creo que sea suficiente para obtener la victoria, así que necesitamos algo más. Cualquier ayuda o consejo será bien recibido. Corre la voz entre los mandos, a ver si conseguimos alguna genialidad.
-Lucifer no tiene ninguna estrategia al respecto…?
-Creo que tiene cosas más urgentes entre manos
-Atila, amigo, respóndeme con sinceridad. Que pasará si nos barren?
-Mejor no pensar en eso
-Necesito saberlo, por favor
-No es algo seguro, no tengo la respuesta única y verdadera, pero supongo que será el fin de todo esto..., de nuestro hogar. Al fin y al cabo, por muy desapacible que sea este entorno, aquí hemos vivido, hemos disfrutado y hemos esperado y trabajado por tiempos mejores. Todo eso se perdería, el Cielo sería la única fuerza dominante. Por supuesto, nosotros dejaríamos de existir tal y como hasta ahora lo hemos hecho, pasaríamos a ser uno más de ellos.
-Entonces no moriremos? Aunque perdamos?
-Ya estamos muertos, recuerdas? Y además, que peor muerte hay que ser absorvido por esas fuerzas codiciosas de poder y de control? Perderemos nuestra esencia, como lo han hecho todos los que han ido a parar ahí. Durante siglos hemos luchado por mantener nuestra autonomía, conscientes de que este día tendría que llegar tarde o temprano. Por eso él está aquí...
-Quién? Nuestro colega el informático?
-Sí. Su llegada no fue casual, todo responde a un plan concebido en la mente de Lucifer, un plan del que sólo ella conoce los detalles. Lo único que espero es que su intuición no le falle, porque sinceramente no entiendo que ha visto en él
-Venga, general, no seas tan severo y ten un poco más de confianza en nuestras fuerzas
-Es a lo que me agarro para no salir por piernas a esconderme en cualquier agujero

La conversación cesó y el silencio de la batalla inminente se apoderó de las dos almas, cada uno de ellos reflexionando sobre lo que había sido su existencia durante tantos y tantos años. Ahora, al recorrer ese largo camino con la perspectiva de todo lo acontecido, el tiempo se les escapaba entre las manos, como si todo hubiese transcurrido en un suspiro, incluso la eternidad no podía vencer al paso del tiempo, ese gran dios por encima del cielo y el infierno, al menos para ellos, almas simples sin mayor transcendencia.

Atila recordaba todavía, y añoraba, las extensas y verdes praderas mongolas, donde aprendió a montar a caballo y a disparar el arco a galope tendido, donde se hizo hombre peleando contra otros hombres y disfrutando del amor de muchas mujeres. Todo aquello quedaba muy lejos, pero en su alma seguía muy presente, era su esencia, lo que él quería ser, lo que él era. Y ahora aquellos manipuladores de allí arriba pretendían arrebatarle su pasado y convertirlo en una sombra, en uno más, sin personalidad y sin nombre, en un fantasma. Eso es lo que creaban allá arriba, fantasmas dóciles que jamás actuaban por voluntad propia ni discutían los deseos de su amo. Y eso era lo que se les venía encima. Entonces sintió una rabia y una impotencia terribles, sintió ganas de echarse a llorar, de caer de rodillas y compadecerse de estar en manos del destino y del tirano de los Cielos. Pero contuvo su llanto, con los ojos enrojecidos, a punto de saltarle las lágrimas, porque sabía que aquellos que estaban bajo su mando esperaban de él valor, coraje y entrega, y nada les hubiese debilitado más ante el enemigo que ver a su general de campo llorar como un niño. Morrison se dió cuenta de la aflicción de su amigo y le rodeó los hombros con su brazo mientras le decía:

-Todos estamos en la misma situación, ten por seguro que nadie quiere caer en las redes de esos tipos. Valor y fuerza, amigo mío!
-Tienes razón, Jim. Eres un tipo genial, nunca te lo he dicho pero... siempre te he admirado, tu forma de atraer a la gente, tu capacidad de liderazgo, tu sentido del humor y además esa forma de cantar, eres un rufián maravilloso. Sin duda serás de gran valor cuando la fiesta empiece. Y ahora dejémonos de sensiblerías y pongamos todos nuestros recursos en marcha. Como te dije, trata de encontrar nuevas soluciones, lo que sea, necesitamos un arma secreta y la necesitamos ya! Vosotros! Traedme a 10 zapadores, necesitamos más combustible para las calderas del Infierno, que el enemigo sienta el fuego de nuestra ira!!



-Gabriel, hemos pasado buenos momentos juntos, bien lo sabes, hemos gozado como pocos lo han hecho. Pero en nosotros está que esto pueda seguir así por los milenios venideros, de lo contrario seremos sometidos al poder de la esclavitud de los Cielos.
-Lo sé, Lucifer. Por eso me he presentado aquí. La situación es sumamente complicada y grave para nuestros intereses. El dios de los Cielos ha movilizado a todos los recursos, toda la maquinaria pesada y se presentará en breve a las puertas del Infierno con todas sus fuerzas.
-No me sorprende, contaba con ello
-Por eso he decidido abandonar mi puesto allá arriba. La pantomima se ha terminado, es hora de dar la cara y estar con los que siento como míos
-Un gesto que te honra, San Gabriel. Sabes que arriesgas tu posición de privilegio? Si perdemos perderás toda tu libertad, tu poder y tu consciencia y serás pasado por la máquina aniquiladora como cualquier simple alma que entra en el reino de los Cielos. Lo sabes y lo aceptas?
-Soy consciente de ello y acepto mi destino, sea cual sea. Pero lucharé del lado de aquellos que defienden el libre albedrío
-No esperaba menos de ti, amigo Gabriel. Veo que no me equivoqué contingo. Ahora acompáñame, te mostraré como va nuestra defensa. Como supongo que habrás notado, la temperatura se ha incrementado notablemente. De hecho, hemos multiplicado la misma varias veces en las últimas doce horas, pasando de los 500º habituales a los casi 6.000 que tenemos ahora. Puede parecer excesivo, pero me sigue pareciendo insuficiente, todo lo que sea debilitar al enemigo es más que necesario.
-Sin duda ello les mermará capacidad de concentración y por tanto de combate. Pero permíteme decirte que no es suficiente, querida...

En ese instante, la conversación entre la dueña del Infierno y el traidor a los Cielos se vió interrumpida por una voz metáica que salía a través del cuerno que colgaba en la pared.

-Perdón, diosa, pero un emisario del Cielo pide audiencia urgentemente

Con un gesto de interrogación hacia Gabriel, Lucifer descolgó el cuerno, aquel le respondió con un gesto afirmativo y seguro de la cabeza.

-Que pase sin más demora –ordenó Lucifer - Qué es lo que trae por aquí a un príncipe celestial en momentos tna convulsos? Acaso no temes por tu vida? -  le soltó Lucifer a bocajarro al enviado nada más entrar en el salón

 Por unos instantes el ángel enmudeció al ver ante sí la imponente figura de San Gabriel, tranquilo y relajado en compañía del demonio.

 -Vos…? – consiguió articular – cómo…? Qué hacéis aquí?
 -Dejémonos de protocolos, Juan. Hace tiempo que no estoy con vosotros, ni en espíritu ni en mente. Ya no formo parte de vuestra pantomima y tendréis en mi un enemigo tan fiero como el que más. Sabed, amigo Juan, que estos seres a los que vosotros demonizáis me han dado más cariño y alegrías que vosotros en miles de años. Así pues, me debo a ellos y con ellos me consumiré si es necesario, defendiendo la libertad, luchando contra vuestra maquinaria infernal
 -Pero cómo es posible…? Desde cuándo?
 -Te has quedado perplejo, verdad, principito? – interrumpió Lucifer – Pero no tenemos tiempo para explicaciones, así que di lo que tengas que decir y corre a contarle a tu endiosado jefe el engaño del que ha sido objeto desde hace mucho, mucho tiempo. Al fin y al cabo no recibís más que el pago en la misma moneda que vosotros habéis usado. O acaso piensas que soy tan ingenua para no sospechar que tenéis también agentes infiltrados entre nosotros? Por supuesto, intuyo que sois conscientes de lo bien que se vive aquí y supongo que eso ha despertado muchas envidias y dudas allá arriba, a más de uno.
 -No sé de qué me habláis
 -Quitaos la careta, aquí no la necesitáis. No vais a sufrir ningún daño, al contrario de vosotros, somos respetuosos con los visitantes, no les tratamos de convencer de lo que no ven o no desean… Te lo repito, suelta el mensaje y vete por donde has venido
 -Dios me envía a comunicaros que todovía estáis a tiempo de rectificar. Esto se tendría que haber planteado hace mucho tiempo, lo sabemos, pero las cosas han discurrido de otra forma. Sin embargo, no es tarde para enderezar el rumbo. Sólo tenéis que someteros a la voluntad divina y pasaréis a formar parte del reino de los Cielos. Entonces todo el Universo conocido quedará unificado bajo un único mando y por fin la paz reinará para siempre en todos los rincones y en todos los corazones de los seres que han existido y existirán.
 -Y que ganamos nosotros con esa magnífica oferta? – preguntó Lucifer con una sonrisa de burla en la cara
 -Primero, pasaréis a ser una sierva del único y verdadero Dios, por fin veréis la luz, saldréis de las tinieblas de vuestro inframundo.
 -Vaya, qué bien…
 -Pero además, el único y todopoderoso en su magnanimidad, ha decidido que si cedéis en vuestra errónea y orgullosa postura os concederá cierto grado de autonomía
 -No me digas?
 -Podréis mantener vuestro reinado, aunque, obviamente, deberíais hacer algunas reformas en la casa, la tenéis muy descuidada… Como véis, es una generosa oferta, la alternativa, además, no es muy reconfortante. Pero os deremos un tiempo para que reflexionéis, sabemos que son muchos miles de años haciendo el mal y eso quizás no se puede cambiar de un día para otro. Así que os damos de plazo hasta mañana para que nos déis una respuesta
 -No es necesario tan larga espera. Decidle a vuestro insulso jefe que aquí le esperamos y que hará bien en traer todo el arsenal que tenga a su alcance porque le plantaremos cara hasta la última lengua de fuego que quede en nuestras almas y no cejaremos hasta acabar con esa máquina infernal, esa sí, que ha sometido a los seres del universo durante tantos y tantos milenios.
 -Os arrepentiréis de ello
 -No lo creo. Abandonad de inmediato nuestro reino, antes de que ceda a la tentación de extirpar vuestras presuntuosas alas una a una.

El ángel, altivo y enfurecido se giró sin mediar una palabra y con un fuerte batir de sus cuatro doradas alas inicio el retorno al imperio del Cielo.

-Lo véis, San Gabriel, ya sois un poscrito, no os da pena?
-Ninguna, la verdad, es algo que debería haber hecho mucho antes, pero el deber de informaros era más importante
-Buena respuesta





El informático entretenía su impaciencia recogiendo cualquier residuo combustible que pudiese encontrar, al menos así se sentía útil, podía contribuir de alguna forma a combatir al tirano de los Cielos. No era el único, hasta donde alcanzaba la vista se veía a un montón de gente recolectando igual que él, trabajando sin descanso, contrarreloj. Por momentos la agonía le comía los nervios y el corazón se le encogía, no podía siquiera imaginar las consecuencias que tendría el final de la batalla, cómo afectaría ello al devenir de los tiempos y cómo afectaría al reino de los vivos, ya no sólo al de los muertos, donde todavía vivía su pequeña hija o quizás ya no tan pequeña, pues se le hacía imposible traducir al tiempo terrenal el transcurrido desde su llegada a los infiernos. Cómo le afectaría todo esto a la vida de su hija?

-Ey, yo a ti te conozco! – le dijo una voz femenina, sacándolo de lo profundo de sus pensamientos.
-Ah hola! Tú... eres Amanda, qué sorpresa
-Vaya, ahora soy Amanda, no hace mucho no me tratabas con tanta distancia – le dijo con un guiño insinuante
-Perdona, Am. Me has pillado perdido en mis elucubraciones
-Y qué es lo que te tiene tan concentrado, aparte de que todos los de ahí arriba vayan a caer sobre nosotros hay algo más?
-Sí, mi hija, me preguntaba...
-No te preocupes más, no hay nada que esté en nuestras manos, nada podemos hacer más que entregar nuestras almas por Lucifer y esperar que la fortuna nos sonría
-Aún así, como padre no puedo dejar de preguntarme qué futuro le espera. Sabes? Es gracioso, antes de morir, de venir aquí, pensaba que una vez que cruzabas el umbral todas las dudas quedaban despejadas, para bien o para mal, pero que al fin vería la luz del infierno o del cielo y eso iluminaría toda la oscuridad que hay en mi cerebro
-Todos pensamos lo mismo, pero pronto aprendemos que en este nuevo reino también hay clases, parece que es algo tan inmutable como el tiempo
-Quizás eso cambie después de esta batalla
-Si el Cielo se alza con la victoria el único que cambio que habrá será para peor. Por el contrario, si Lucífer se alza victoriosa es posible que sea el comienzo de una eternidad más justa. De una forma u otra, pronto saldremos de dudas, que no decaiga el ánimo!
-Am
-Sí?
-Quería agradecerte el que nos hayamos conocido, ya sabes, cuando uno llega a este sitio teme que todo será sufrimiento y sin embargo...
-Ven aquí, no seas tonto, no tienes que decir nada. Los dos hemos compartido buenos momentos y... la verdad, quizás podamos aprovechar este último momento de intimidad antes de que todo el universo arda en llamas, no te parece? – le dijo acercando su cuerpo y estrechándolo contra el suyo
-No te diría que no, pero ahora mismo todo el mundo está pendiente de la lucha y no sería muy ético
-Quizás no, pero sería tan bonito
-Eso sí...

Pero en ese momento un gran estruendo de trompetas que parecían salir de todas partes hizo que cualquier intento de evadirse perdiese su significado. Segundos después todas las criaturas a su alrededor corrían en todas direcciones tratando de organizarse, en un segundo parecería haberse desatado la locura.

-Qué es eso, Am?
-Creo que lo que tú, yo y cualquiera sospecha. Las tropas celestiales están aquí. Vamos, corramos a formar con el resto del ejército, es hora de luchar y volver a morir, quizás.



Cuando llegaron corriendo a la polvorienta y gran explanada que se situaba delante del gran palacio de Lucifer, la escena no podía ser más caótica ni confusa. Miles de seres de distintos mundos trataban de disponerse en filas, unos juntos a los otros, preparando la formación. Al frente de todos ellos se veía a los líderes de cada escuadrón y en especial a Atila que a voz en grito daba a órdenes a unos y otros. El griterío era ensordecedor, aunque no se veía más movimiento que el de los propios seres, nada que recordase a las máquinas de guerra habituales en otros mundos. Las tropas se iban disponiendo según su procedencia, de forma que los humanos, que formaban el grueso del ejército, ocupaban el lugar central, franqueados por los saturninos, unos seres gigantescos de cuatro brazos, y los procedentes de la lejana galaxia de Centauro, seres muy pequeños que aparentaban fragilidad, pero que según contaban constituían la élite del ejército debido a su excepcional capacidad mental.

El informático se habia situado junto a Am, como uno más, en la masa central de la tropa, perdido entre los cientos de hileras. Pero de repente oyó como se le llamaba por la megafonía, invitándole a situarse en las posiciones destacadas, junto a lo mejor de los soldados.

-Am, vamos, me reclaman allí adelante, al parecer Lucífer tiene planes para mi, cree que debo jugar cierto papel en los acontecimientos que están por venir
-Quizás me deba quedar, yo soy una más...
-Está bien, pero nos volveremos a ver, tenlo por seguro, esta batalla la vamos a ganar – se miraron por un instante a los ojos y luego se fundieron en un sincero y cálida abrazo, mientras las lágrimas corrían veloces por las mejillas de Am
-Te quiero, cuídate
-No te preocupes, todavía tenemos muchos ratos que pasar juntos – dicho esto, se volvió y salió corriendo hacia las posiciones de privilegio. Cuando se aproximaba vio a los altos mandos dando órdenes y a la pequeña figura de Atila ejerciendo de general, a su lado Morrison.

-Por fin, amigo, Atila se estaba empezando a poner nervioso con tu ausencia. Estabas recogiendo florecillas o qué? – le dijo Morrison con una amplia sonrisa en la cara
-No, estaba recopilando material para las calderas cuando sonaron esas poderosas trompetas y todo el mundo echó a correr hacia aquí. Los tenemos encima, verdad?
-La expresión no podría ser más acertada, amigo. Los tenemos justo encima de nuetras cabezas.
-De cuánto tiempo más disponemos antes de que empiece el ataque?
-No tengo ni la menor idea. Pero si Lucifer todavía no ha hecho acto de presencia es que aún tenemos un margen de maniobra, a ver si conseguimos organizarnos antes de que nos den el primer palo. Deberías presentarte ante Atila lo antes posible, el te dirá lo que debes hacer.
-Bien, suerte, ha sido un placer conocerte
-Venga, eso suena a despedida o hasta nunca, saldremos de esta y tendremos muchas más fiestas que compartir, ve ahora


El informático se dirigía hacia el puesto de mando de Atila cuando un silencio de muerte se extendió por todo el infierno. Miró a su alrededor tratando de encontrar una explicación a tan repentino cambio, hasta que al alzar la vista hacia la roja cúpula del infierno pudo ver descender majestuosa y lentamente la figura de Lucifer. Jamás había estado tan atractiva ni tan amenazante al mismo tiempo. Su piel parecía brillar en mil tonos diferentes, sobre ella se disponía una armadura negra que cubría piernas, brazos y tórax, dejando a la vista su deslumbrate cabellera y prácticamente la totalidad de su sensual pecho. Las caras de admiración de toda la muchedumbre transmitían perplejidad y confianza, muchos de ellos jamás habían estado ante la arrebatadora presencia de la diosa de los infiernos. Incluso él, que había compartido lecho con tan asombrosa criatura, se sentía abrumado por su figura y todos los recuerdos de sus juegos de placer le parecían ahora una burla del pasado, como si nunca hubiesen existido. La figura de Lucifer continuó descendiendo, ingrávida y poderosa, hasta que sus pies se posaron en el rocoso suelo con la suavidad del algodón. El informático se quedó clavado en el sitio, como petrificado ante la imponente figura que caminaba mirando a sus súbditos dispersos a lo largo de toda la llanura. Era la mirada de un general, de un líder que se sabe admirado y respetado. Su rostro era serio, pero mantenía la compostura y la fuerza que le caracterizaba, como si la visión desordenada de su ejército no fuese capaz de hundirle en el desánimo. De repente se paro y miró al frente, levantó sus brazos como para pedir todavía más silencio del que reinaba y luego estalló en una voz de trueno que hizo vibrar el alma de todas los seres presentes:


-Criaturas del Infierno! Súbditos míos! Llegada es la hora de defender este mundo frente a aquellos que nos quieren imponer su voluntad y sus malas costumbres, a nosotros, criaturas de la oscuridad que siempre hemos vivido acorde a nuestras propias reglas, creo que razonablemente felices y dichosos. Nunca he dado castigo a nadie que no lo mereciese y sabéis muy bien que aquí habéis podido disfrutar de un grado de libertad como jamás soñasteis en vuestros mundos de procedencia. La búsqueda del placer es la norma imperante en el Infierno, todos sois conscientes de ello y en milenios de reinado en este territorio jamás he tenido una queja en ese sentido. Acaso, hay alguien entre vosotros que desee ahora mismo abandonar este ejército y unirse a ese que nos viene de arriba? Si lo hay que dé un paso al frente y será conducido a la presencia de nuestros enemigos sin ningún daño. Bien, ya veo que todos estáis conformes con vuestro paso por el Infierno... Y estáis en lo cierto al luchar por mi y por todos los que tenéis al lado, pues si perdemos esta guerra el mundo que nos espera nada tendrá que ver con este. Podéis olvidaros de las juergas de Morrison, de las orgías de antes del desayuno y de las catas de vino y manjares, porque en el Cielo reina la nada, el silencio y el vacío. Los seres que tendréis enfrente en el campo de batalla han sido abducidos, ni sienten ni padecen, tienen alma pero esta se encuentra arruinada y aniquilada, por tanto en nada se parecen a vosotros y son como autómatas. Ellos no tendrán ningún complejo ni remordimiento por mataros! No lo tengáis vosotros pues y defended con todas vuestras fuerzas nuestra forma de vida!

-UUUUUUHAAAAAAAA!!! – resonó el grito de los centaneres de miles de almas congregadas

-Hagamos que el Infierno arda como nunca antes lo ha hecho!!

-UUUUUUHAAAAAAAAAAAA

Como tratando de silenciar los vítores del ejército infernal, las trompetas celestiales volvieron a resonar de nuevo con estruendo, cada vez más cercanas, haciendo temblar los cimientos del palacio infernal y enmudeciendo instantáneamente los vítores del ejército del averno. Atila se aproximó momentos después con premura a la divinidad infernal y le susurró al oído que el puesto de vigilancia en límite con el Cielo acababa de caer, miles de almas incapaces de deterner el avance arrollador del ejército celestial.

-Bien, gracias Atila. Dispondré de una barrera invisible de odio y dolor que contendrá su avance lo suficiente para que podamos preparar perfectamente nuestra la defensa, no perdamos más tiempo, ultima los detalles y entremos en batalla. – luego dirigiéndose a la masa expectante, lanzó su última arenga – Criaturas del averno, el Cielo nos invade, vivir o morir, consciencia o aniquilación, no tenemos elección, démoslo todo, ahora!!!

-AAAAAAAHUUUUUUUUUUUUUU

El informático había contemplado la escena enmudecido, como el espectador en una butaca del cine que tanto le gustaba, con la diferencia de que esto no era ninguna ficción y que ahora él era un protagonista más de la acción. Después del último rugido vio como Lucifer se le acercaba, más imponente que nunca.

-Bien, querido compañero, tu permanecerás junto a mi lado en todo momento. Como ya te he dicho, eres demasiado valioso y sé que estarás con nosotros cuando más lo necesitemos. Tengo plena confianza en ti, acompáñame y defendamos juntos lo que nos pertence

Abrumado por la solemnidad y la confianza de Lucifer, el informático no pudo más que asentir con la cabeza y colocarse a las órdenes de la Diosa que con tanta deferencia lo había tratado desde su llegada a la nueva dimensión.

-Mi Señora, la barrera invisible acaba de ceder – informó uno de los generales – Ya no hay nada que detenga su avance.
-Ha llegado el momento. Exijan silencio y el máximo de concentración a la tropa. Qué temperatura alcanzamos en estos momentos?
-Hemos superado los 10.000 grados hace un instante
-Alguna queja al respecto? Algún incoveniente?
-No mi señora, no ha habido ningún tipo de quejas, estamos en nuestra salsa
-Es justo lo que quería oir. Que venga Atila.

El pequeño general de largos bigotes y robusto cuerpo se aproximó con paso firme, sin demora pero desprendiendo autoridad, como si por fin volviese a recuperar los galones, la sangre del guerrero que tanto tiempo atrás había corrido por sus venas.

-Querido Atila, eres mi brazo derecho. Hemos pasado muchos siglos juntos, te he castigado en alguna ocasión, pero te he perdonado cuando tus actos han redimido tus pecados y, en verdad, nunca me has decepcionado, siempre has respondido a mis expectativas. No tengo nada que decirte en estrategia militar, sabes tanto como yo. Estarás a cargo de la prole humana, Morrison irá con los Centauros , sé que han pasado muchas juergas juntos y le tienen estima, le seguirían hasta los mismísimo confines del Cielo. Yo me situaré a tu izquierda junto con Gabriel y el pequeño ejército de los saturninos, su poder es nuestra gran baza, nos quedaremos en la retaguardia para asestar el golpe final cuando sea necesario, si es que llega ese momento...
-Por su puesto majestad, como usted ordene
-Eres Atila? – preguntó San Gabriel
-Sí, nos conocemos?
-Creo que no, es la primera vez que visito este páramo. No está tan mal, de haberlo sabido me habría pasado antes por aquí. Bien, recordad que los entes celestiales poderosos llevan dos pares de alas, su poder es inmenso, son capaces de teletransportarse por lo que son presa complicada. En cambio, las almas blanqueadas, como les llamo yo, son débiles, pero su poder radica en su número, son millones de seres pasados por la quilla de la depuradora mental durante milenios. Uno sólo de ellos, con su escasa voluntad, apenas causa daño, pero varios cientos juntos son un serio enemigo. Así que tratad de aniquilar a esa pobre chusma y huid en la medida de lo posible de los arcángeles y los llamados santos o seres divinos.
-Crees que su jefe estará presente?
-No lo creo, Lucífer. Es orgulloso y presuntuoso, seguramente da la victoria por segura y espera en su trono a que le lleven tu cabeza
-No le daré ese placer, pase lo que pase, puedes estar seguro
-Antes tendrán la mía que la tuya, no viviré si tú no lo haces, querida mía
-Creo que todo está claro. Atila ponte al frente de tus tropas, tu también Morrison, canta como nunca lo has hecho. Pequeño hombre –dijo Lucifer refiriéndose al informático, ante la mirada sorprendida y celosa de San Gabriel – ven conmigo
-Querida, este ser viene con nosotros?
-Es más de lo que crees, Gabriel, o yo no merezco ser la emperadora de la oscuridad
-Lo que tu digas, mi ama


Rápidamente cada uno de los jefes ocupó su puesto al frente de su batallón y las líneas empezaron a formarse y apretarse, a medida que el silencio iba ganando terreno al movimiento de miles de pies y el murmullo de los soldados, de cientos de filas que se formaban una detrás de la otra hasta donde alcanzaba la vista. Lucífer sabía que pese a lo masivo del ejército que tenía a su espalda eso no sería nada en comparación con todo lo que tendría delante en unos instantes, por eso valoraba enormemente la presencia de grandes poderes a su lado como el de Atila, el propio San Gabriel, aunque ya no fuese santo ni ostentase ya sus magníficas alas, así como otros muchos capitanes experimentados y con muchos siglos de disciplina y fidelidad para con el reinado de la diosa del fuego.

El silencio fue finalmente total cuando las trompetas celestiales sonaron más claras y fuertes que nunca, como si estuviesen soplando directamente al oído de todos los presentes en la gran explanada del infierno. Poco a poco, como saliendo de una espesa niebla fue apareciendo una masa de color totalmente blanco que, emergiendo de la oscuridad, se iba definiendo a medida que se acercaba al campo de batalla, dejando entrever como una especie de red tejida por cientos de miles de almas todas iguales, todas uniformes, sin distinción. Su tamaño superaba con creces cualquier cosa imiganable, sus dimensiones imponían más respeto que el sonido de las propias trompetas. En el medio de esa masa blanquecina se distinguían nitidamente unas manchas doradas que al aproximarse se revelaron como los carros de los grandes santos y arcángeles, cada uno protegido por una decena de almas, que quedaban a la sombra de sus desplegadas y abrumadoras alas.

Tan inquietante como el infinito número de soldados era el orden con el que marchaban y el mutismo absoluto que producía su avance. Parecían todos iguales y desfilaban de la misma forma, como réplicas de un mismo molde, recordando a los kamikazes de otros tiempos. Soldados inmunes al miedo y al dolor, insensibles ante la adversidad, ante cualquier realidad, ciegas tropas de asalto, dispuestas a entregar su energía a manos del enemigo por la ley de la simple obediencia que les había sido insertada en su alma.

A pesar de ello, y aunque acababan de cruzar las puertas del Infierno, se apreciaba que poco a poco la extrema temperatura iba haciendo mella en ellos, de manera que parecían vibrar, como un platillo golpeado por el músico. Llegó un momento en que las tropas tuvieron que detener su avance, ya tan próximas como estaban al enemigo. Las tropas celestiales con la vista al frente, como mirando al horizonte, sin ver al enemigo, mientras las tropas de Lucífer contemplaban con asombro y creciente estupor la superioridad numérica celestial. Resonando en el interior de cada una de las cabezas de los presentes rugió la voz de San Pedro:

-El Único y verdadero Dios os envía sus saludos y sus condolencias, Lucifer, princesa de la oscuridad. Habéis rechazado la generosa oferta de nuestro Señor y ahora no habrá piedad para ninguno de vosotros!
-Piedad? – contestó Lucífer en tono irónico – Acaso sabes tú lo qué es eso? Me temo que no, por mucho que te empeñes en convencernos. De cualquier forma, ni necesitamos ni queremos tu piedad. No es así soldados?!

-AUUUUUUUUUUHHHH

-Ya lo has oído, señor dueño de las magníficas llaves del paraíso. Hoy será un gran día para el universo, el comienzo de una nueva era, de una nueva libertad, la verdadera.
-Has dicho bien, arpía, será el comienzo del reinado absoluto del Cielo
-Por encima de mi cadáver!
-Tu cadáver, bruja, será llevado ante el Gran Dios y expuestos tus despojos como advertencia para todo aquel que ose contradecir el poder de la Verdad
-Y, por cierto, donde está ese Gran Dios, acaso tiene mejores cosas que hacer en un momento como éste? – escupió Lucifer
-El Todopoderoso da la batalla por ganada antes de empezar y jamás se rebajaría a poner un pie en esta fosa infecta por miles y miles de años de pecado
-Ya, entonces quizás tengamos que traerlo aquí abajo una vez que todo esto acabe, para que sepa desde dónde se va a dirijir el universo
-Eres una blasfema y pagarás por ello
-Empecemos pues, para que demorar más el asunto?
-Avanzad, arrasadlo todo a vuestro paso, súbditos del Cielo! – grito San Pedro encolerizado

Inmediatamente las primeras líneas del ejército celestial que se encontraban a escasos doscientos metros del enemigo avanzaron todas al mismo tiempo, como formando un único ser.

-Preparados para el choque! – grito Atila – concentrad vuestro espíritu en el enemigo, no penséis en otra cosa, eso os haría perder fuerza y efectividad, ellos por el contrario se encuentran mermados por el calor y las llamas del infierno, están en inferioridad. Dadlo todo!

En cosa de unos instantes se empezaron a apreciar los primeros efectos del enfrentamiento, en una batalla por lo demás silenciosa los enemigos no se desangraban ni sufrían heridas hediondas y desagradables, por el contrario su tránsito hacia una dimensión desconocida o hacia la nada se hacía de manera en apariencia limpia, se trataba de una batalla mental, no física, en la que las creencias, la fe y la lealtad jugaban el papel mas importante. Y aunque la sangre no corría cada batalla entrañaba un enorme sufrimiento para los contendientes, como si el alma se resquejabrase en mil pedazos. Las tropas del cielo llevaban las de perder, la enorme temperatura mermaba su capacidad de concentración y el hecho de que casi toda la soldadesca hubiese sido pasada por la máquina depuradora de cerebros, aniquilando su personalidad y su voluntad, les restaba también convicción y fe. Sin embargo, en su favor, el ejército divino contaba con una superioridad numérica aplastante, así aunque las filas iban deshaciéndose y evaporándose casi instantáneamente, enseguida eran sustituídas por una nueva hornada de mentes aniquiladas.

Las tropas del infierno se empleaban a fondo y su preparación militar y su coraje les daban una clara ventaja en el enfrentamiento individual, pero a medida que iban pasando los minutos las fuerzas se iban debilitando poco a poco y los primeros y valientes guerreros del núcleo humano del ejército empezaban a caer cada vez con mayor rapidez. Al frente de ellos Atila se desenvolvía con una fuerza y una animosidad inusitada, arengando a sus soldados y predicando con el ejemplo. En el centro de la tropa divina, los arcángeles y los santos contemplaban el espectáculo como quien asiste a una representación teatral, veían caer filas enteras de sus hombres como rebanadas por un cuchillo invisible sin siquiera inmutarse, sin tomar partido, confiados en que su infinita superioridad acabaría por imponerse sobre la mayor pericia y entrega de los infernales.

Observando que la mayor parte del ataque celeste se centraba sobre la cohorte central humana, Lucifer dio indicaciones a su flanco izquierdo y al derecho comandado por Morrison de desplegarse e inicar un ataque envolvente con el fin de desviar la atención hacia los lados. La intención era clara, abrir un sendero que permitiera llegar hasta el corazón del enemigo, hasta los mismísimos pies de los caballos de San Pedro y su séquito, para asestarles un golpe mortal y dejar descabezado su ejército. El movimiento de los saturninos de Lucifer y los centauros de Morrison fue soprendentemente veloz, en un abrir y cerrar de ojos se cerraban como una tenaza sobre los costados del enemigo, abriendo una brecha por cada lateral y avanzando rápidamente hacia el centro. El enemigo atónito no sabía como reaccionar y la superioridad mental abrumadora de los saturninos con sus dos cabezas y de los centauros con una capacidad intelectual envidiable tenían un efecto devastador sobre los celestiales, evitando por el momento todo intento de reacción y reagrupamiento. No existía el concepto de retirada en las mentes de los peones celestiales, tal idea había sido totalmente borrada de su intelecto por la mal llamada máquina de la verdad, por tanto estos se entregaban a la batalla con más inercia que ánimo, para ser degollados uno tras otro por la fuerza infernal, como quien se lanza voluntariamente por un precipicio.

El frente del ejército celeste, pese a una incontable cantidad de efectivos empeza a flaquear y se atisbaba que de un momento a otro el ejército de Lucifer podría empezar a ganar terreno y hacerle retroceder, Sin embargo, el objetivo principal, que era utilizar las tropas de élite como cuña para llegar hasta la cúpula sagrada no se conseguía, la masa de seres celestes era tan densa como un mar y cuando caía una gota siempre había otra presta para ocupar su lugar.

De repente se oyó el estruendo de las trompetas del Cielo y del centro de su ejército con una luz dorada y deslumbrante empezaron a brillar los cientos de carros de los seres alados.

-Basta de juegos de niños, pongamos fin a esta sangría – dijo San Pedro con un hartazgo considerable pintado en su semblante – Movilizad todo el potencial, nada de reservas, ataque masivo!

Los cientos de enormes carros del cielo, cada uno con diez ángeles o entes sagrados, se lanzaron hacia delante en una carrera frenética, sin importarles a quién se llevaban por delante, amigo o enemigo. Lucífer, que hasta entonces había estado entretenida masacrando enemigos de veinte en veinte, tuvo que centrar su atención en el ataque directo de la élite celeste. Su plan había fracasado estrepitosamente, ni sus huestes ni las de Morrison habían conseguido penetrar hasta el corazón del enemigo y era este ahora el que se lanzaba contra ellos a toda velocidad y con todas su fuerzas, la situación se había invertido por completo.

-Ponte detrás de mi, agarrate a mi cintura y no te sueltes por lo que más quieras, el baile se va a poner movidito de verdad y no quiero que sufras ni el más leve rasguño, entendido? – le ordenó Lucifer al informático, que sólo tuvo aliento para asentir con la cabeza mientras se abrazaba con tadas sus fuerzas a la cintura de la diosa – Gabriel, cúbreme la espalda
-Sí, mi diosa

En un abrir y cerrar de ojos los carros arrementieron con toda violencia contra los flancos de Lucifer y Morrison. La presencia de varios entes sagrados en un mismo vehículo les daba una superioridad aplastante sobre cualquier enemigo, dado que varias mentes de rango superior se podían agrupar contra un único enemigo, como un torbellino que lo arrollara todo a su paso. Lucifer esquivó como pudo el ataque del primer carro, saltando con agilidad hacia el extremo opuesto y evitando así las ondas mentales de los poderosos enemigos. Acto seguido pasó al ataque y mientras el carro giraba pudo dirigir toda su fuerza diabólica hacia los ocupantes, pillándolos totalmente a contrapie, el efecto fue fulminante, se produjo una enorme explosión y el carro voló por los aires hasta varios cientos de metros de altura. Los saturninos intentaban hacer lo mismo pero les faltaba la agilidad y el poder mental tan soberbio de la dueña del infierno, de forma que empezaron a caer poco a poco a manos de la superioridad enemiga. Entre la masa de enemigos, Lucifer solo tuvo tiempo de lamentarse y llorar por un segundo la infinita pérdida de San Gabriel a manos de tres carros que le pasaron  por encima, uno detrás del otro, su alma se extinguió sin una queja pero con una explosión de luz como de mil soles que chocan.

-Haced lo mismo que ellos! Formad un frente común de varias almas por cada carro que os ataque y entregad todo lo que lleváis dentro, es la única forma que tenemos de vencerlos!

Decirlo no era tan difícil como ejecutarlo, especialmente cuando el río de carros llegaba incesante uno tras otro, ganando cada vez más terreno. Inconscientemente las tropas de élite del infierno empezaron a retroceder. Se oyó en ese momento un grito desgarrador, que estalló como una bomba en medio del silencio descomunal de la batalla mental. Era la voz agonizante de Atila. Morrison acababa de caer, desapareciendo fulminantemente, a manos de los arcángeles. Lucifer desvió la atención hacia el flanco de Morrison, su tropa hasta ese momento luchando organizadamente empezaba a desencajarse y a retroceder en desbandada, como si la ausencia de su general les hubiese comido totalmente la moral. El informático creyó ver de refilón una lágrima en los ojos de Lucifer, pero fue sólo cosa de un segundo porque enseguida tenían un enemigo encima y tuvieron que esquivarlo, escapando por milímetros de las mortíferas ondas divinas.

En la sección central, la que comandaba Atila, las cosas no iban mucho mejor. Privados del apoyo de los saturninos y la banda de Morrison, que luchaban ahora por su propia superviviencia, las almas humanas no daban abasto contra la ingente cantidad de alienados que se les venía encima. Aunque inicialmente el ejército del infierno estaba compuesto por millones de almas humanas, esta cantidad parecía insignificante ante la incontenible presencia enemiga. Así les iban cercando cada vez más y más, formando un círculo alrededor de ellos. Sopresivamente, retumbó una nueva explosión en medio del sangriento silencio. Lucifer mostró una sonrisa maléfica, mientras que el informático no daba crédito a lo que veían sus ojos. El pequeño y correoso Atila se había transformado de repente en la poderosa figura de un hombre, ahora sí, similar a la que uno se esperaba de tan magnífico guerrero, según contaban las crónicas humanas. Además montaba un corcel negro de una alzada colosal que relinchaba y echaba fuego por los ojos quemando literalmente a todo el que se encontraba a su paso. Como si de una catapulta se tratase, Atila consiguió abrir un huerco a su alrededor y hacer retroceder momentáneamente al enemigo, como obedeciendo la señal de Lucifer que le gritó desde el otro lado de la contienda:

-Atila, amigo, acércate hasta aquí, necesito de todo tu poder o la batalla estará perdida
-Voy mi señora! –Atila espoleó al caballo y se lanzó a una galopada temeraria en dirección al flanco de los saturninos. Al momento las huestes celestes, como sabedoras de la ausencia del gran general, se abalanzaron como una legión de termitas sobre el ejército humano, extendiéndose como una mancha de acierte por en medio del mismo, la batalla parecía finalmente decantarse en favor de los Cielos. Las trompetas de la victoria resonaban y el corazón de las almas del infierno flaqueaba y su espíritu se encogía ante la superioridad eterna del enemigo, como entregados finalmente al desastre.


Atila llegó presuroso al lado del Lucifer y el informático, que con unos miles de sarturninos formaban lo que parecía la última defensa.

-Estamos perdidos mi Señora, nos han derrotado, pero no me apresarán con vida, ahora mismo me lanzo al ataque con toda mi furia, intentaré lleverme por delante a ese presuntuoso de San Pedro, que las cróncias de la batalla de los tiempos cuenten como Atila murió a manos del enemigo segando la vida de su más alto general.
-No, querido Atila. No te he devuelto tu forma original y tu corcel para que te suicides de tan insensata manera. Lo que pretendo no es mucho más racional, pero es la única opción que tenemos.
-Te escucho, mi ama
-Debemos llegar hasta el carro de San Pedro y asaltarlo, pero manteniendo a este con vida.
-No te comprendo...
-En ese momento iniciaremos una loca carrera hasta los Cielos, para llegar a la presencia del Todopoderoso. Ese carro y las llaves de San Pedro son la única posibilidad que tenemos, me comprendes?
-Un loco pero perfecto plan, mi adorada señora. Ten por seguro que daré mi vida por ti
-Sé que lo harás, aunque me gustaría que vivieras para contarlo. Pero es muy posible que no sea así... Por eso quiero agradecerte tu leal servicio todos estos siglos, a pesar del severo castigo al que te he sometido. Creo que he sido demasiado injusta contigo...
-Has obrado con sabiduría, mi señora. Mi falta merecía tal castigo y no te guardo rencor alguno. Será un privilegio poner mi alma a tus pies, sólo espero que tu misión tenga éxito y acabes con el reino de esos falsos profetas
-Te prometo que lo intentaré. Sólo una cosa más. Sube al informático a la grupa de tu caballo, será una loca carrera y estará más seguro encima de tu montura. Y por lo que más quieras, que no se te caiga
-Así lo haré – afirmó Atila con mirada severa, mientras el invitado de piedra se sentía como un mono de laboratorio
-Y tu amigo – dijo Lucifer llenando sus espléndidos pechos con una profunda inhalación – recuerda lo que te he dicho. Tienes un papel que jugar, así que abre bien los ojos, no pierdas detalle, lo sabrás cuando llegue el momento, tú y sólo tú
-Mi señora – respondió humildemente el informático a la vez que se asía del fuerte brazo de Atila y subía a la grupa del espléndido podenco
-Atila! Saturninos! Avanzad  hacia el carro de San Pedro, abridme paso hasta él, ahora!!

Los saturninos encabezados por Atila se lanzaron en una desquiciante carrera hacia el carro de San Pedro, destrozando enemigos a su paso. Pero las tropas del amo de las llaves reaccionaron rápidamente y cerraron filas con premura frente a él, frenando el avance enemigo. Los saturninos comenzaron a caer como fulminados por un rayo invisible, mientras Atila enfrentaba el solo los carros enemigos y la horda de alienados que le rodeaban, su fuerza y su fe eran descomunales pero pese a todo más pronto que tarde se vio rodeado de cientos de enemigos. Su caballo se encabritó cuando sintió la punzada del ataque enemigo en su corazón y dando brincos hizo saltar por los aires al jinete y su acompañante.

Lucifer no tuvo tiempo de ver lo que acontecía, ante la inminencia de la masacre, haciendo gala de todo su poder arremetió sola a la desesperada contra el puesto de mando de San Pedro, llevándose carros y almas humanas por delante igual que un segador corta la hierba a sus pies.

-La quiero viva! – grito San Pedro frío y tranquilo desde su atalaya – Dios me recompensará por tan aplastante victoria.

Miles de enemigos se abalanzaban sobre Lucifer que a pesar de todo su poder empezó a inclinarse ante el peso de la infantería y los entes divinos del ejército invasor. Finalmente fue postrada de rodillas. Esa fue la última visión de Atila, que también luchando con su último aliento perdió la cabeza a manos de un arcángel que le doblaba en tamaño. El informático corría momentáneamente mejor suerte. Su escaso tamaño y la insignificancia de su aspecto hicieron que pasase por el momento desapercibido a los ojos del enemigo, que centraba sus esfuerzos y su atención en doblegar a la diosa del infierno.

-No puede ser, no es posible...cómo...? – balbuceabea el informático, con la mirada desorbitada y lágrimas en los ojos, incrédulo, atónito, desconcertado en un principio. Creía verse engañado por sus sentidos, la desesperación de la derrota se decía y sin embargo...era tan parecerida..., no, tenía que ser ella, era ELLA! Ante sus ojos, a apenas tres metros se encontraba una criatura de la misma estatura y calcado rostro que tenía su amada hija terrestre. Cómo era posible? Acaso sería que también ella había muerto? Y entonces lo sintió, el amor de un padre, el sentimiento de la cercanía de una hija, sangre de su sangre, le reveló que ciertamente aquella criatura con mirada perdida, como los zombies de las películas que echaban por la tele y que tanto le gustaban, no era otra que su hija, su querida hija, a la que creía todavía viva en la Tierra, disfrutando de una vida mejor. Esa adorable criatura había sido tranformada en eso, en un muñeco de trapo, sin vida propia, le habían lavado el cerebro, le habían aniquilado el pasado y ahora contemplaba a su padre con la misma frialdad que un tiburón acecha a una presa.

El informático sintió como la sorpresa y el abatimiento iban cediendo paso a marchas forzadas al odio, el rencor y la locura, una fuerza incontenible que le salía desde lo más profundo de su alma, un volcán en erupción. El silencio alrededor se hizo todavía más callado, su vista se oscureció y su cuerpo se elevó como el de un gigante, por encima de los demás seres a su alrededor, incapaz de contener toda la energía que se acumulaba en él.

-MALDITOOOOOOOOOOOOOOOOS!!!!!!!

La explosión hizo temblar los confines del infierno y las puertas del Cielo se salieron de sus goznes y cayeron directamente al Inframundo con el estruendo de un universo que estalla en mil pedazos. Las llaves de San Pedro se volatilizaron en una décima de segundo y su propietario como el resto de almas del Cielo, a excepción de su hija, viajaron hacia el infinito, impotentes ante la onda expansiva del cerebro del informático, que cayó inconsciente un segundo después.

Cuando se despertó, una clara luminosidad hirió sus ojos. Lucifer le abrazaba con una sonrisa, mientras su hija besaba sus mejillas y al fondo, un enorme ser de barbas, distinguido porte y finos ropajes veía lavado su cerebro en la diabólica máquina aniquiladora de almas, tratando de resistirse inútilmente a sus efectos. El último de una estirpe esclavizadora. 

FIN

2 comentarios:

  1. menudo currelo vpower. te pareces al vázquez figueroa, el también utiliza mucho los dialogos para decir lo que piensa. hay que llevarlo a publicar.

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  2. Los diálogos es mi recurso favorito, donde más me siento a gusto.
    Estoy en negociaciones con Planeta y hay varias productoras de Hollywood detrás de mi para llevarlo a la gran pantalla. De esta salimos de la miseria

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