www.metalbrothers.es

Metalbrothers201601102211

jueves, 7 de agosto de 2014

Estigma de refugiado

Hay realidades que superan a la ficción y que nos hacen pensar que, pese a que vivimos en un país de ladrones, nos debemos sentir afortunados porque tenemos no ya sólo casa, coche y otras propiedades materiales, sino sobre todo ilusión. Porque una vida sin ilusiones, por pequeñas que estas sean, es una muerte que se vive día a día, como ocurre en este campo de refugiados de Malawi. Una amalgama de gentes de distintos países del África más subdesarrollada y deprimida se acinan en un pedazo de tierra donde la vida apenas vale un centavo, no porque a uno se la quiten de golpe, más bien porque se la quitan poco a poco.

Uno se queda totalmente flipado cuando lee que ese campamento lleva funcionando, entiéndase abierto, casi 20 años. Que hay niños que se han hecho mayores en ese entorno gris y sin esperanzas, que hay gentes que han vivido y pasado sus últimos días en ese agujero olvidado del mundo, en una situación de abandono material y legal total. Un abandono que ejercen corresponsablemente el propio país de acogida, Malawi, los países de origen de los refugiados, la mayoría de la República del Congo, y, cómo no, el resto de naciones del mundo que miran para otro lado, o que ni miran porque ya ni se acuerdan de que ese lugar existe.

Malawi trata a los refugiados como apestados, prohibe totalmente su inserción en el país, quizás porque su propia población no viva mucho mejor, y no sirva esto como justificación, pero no estamos hablando de un campo de refugiados radicado a los pies de los alpes suizos sino en un país de los más pobres del mundo. Cito lo que dice la wikipedia en relación a Malawi: “Se trata de una economía de subsistencia con una fuerte deuda externa fruto de la alta dependencia de productos del exterior -incluidos productos alimenticios- y su escasa capacidad de entablar relaciones comerciales favorables. Desde 1992 hasta 2005, el PIB per cápita ha ido decreciendo”.

   Este carpintero vende sus guitarras a quién se las quiera comprar
    in istu y además a través de la página http://lpgpatron.webs.com/
    Lleva en el campamento desde 2007.

Por eso, en ese entorno deprimente y frustrante, es encomiable descubrir que todavía existe gente que sigue luchando por una vida mejor, como el carpintero de la foto que ahora se dedica a hacer guitarras que vende a las gentes del entorno. O los que tienen aspiraciones musicales o empresariales y tienen que luchar contra todo tipo de barreras para poder hacer algo fuera de la rutina y la desidia que les rodea.

Puedes ahondar más sobre este asunto en el artículo de Javier Dominguez en http://elpais.com/elpais/2014/07/10/planeta_futuro/1404992495_255833.html   no tiene desperdicio. 

Un mundo subterráneo.

2 comentarios:

  1. Somos muy afortunados por haber nacido en un país occidental con independencia de nuestras capacidades ya que en función de ellas y de algo de suerte, podemos ocupar un lugar más o menos cómodo en nuestra sociedad.

    Estas personas que comentas son dignas de elogio por su esfuerzo en contra de la adversidad.

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, tenemos más suerte de lo que normalmente pensamos y valoramos.

    ResponderEliminar