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jueves, 2 de julio de 2015

Penitencia

-Padre, perdóneme porque he pecado
-Yo no tengo nada que perdonarte hijo, es Él – dijo el cura alzando la vista hacia el techo de su confesionario de madera oscura y desgastada por los años – quién tiene que perdonarte, yo sólo soy un mero transmisor, como las conexiones neuronales, comprendes?
-Bueno, más o menos
-Lo que os pasa a los jóvenes de hoy es que pasáis de las clases y os dedicáis a fumar porros y a meteros mano en los portales y así va este país
-Oiga padre, que no yo no he venido aquí a que me sermonee
-Ah, no? Vaya, vaya, nos ha salido chulito el chaval. Pues entérate, el sermón es una de las piezas clave de esa gran celebración que es la misa, y si vinieses todos los domingos, como una persona decente, te enterarías de muchas cosas y dejarías de ser un mamarracho, como tienes toda la pinta de ser
-Perdone padre, pero creo que se está usted pasando de la raya. Yo he venido aquí con la mejor de las intenciones, a realizar una buena obra, con un gran sentimiento en mi corazón, con una fe intachable e infinita y usted parece que me recibe con la escopeta en la mano. Pero qué clase de mierda de cura es usted?
-Maldito sinvergúenza! Cómo te atreves a dirigirte a un pastor de Dios en esos términos? Porque estamos en territorio sagrado y yo estoy ejerciendo mi función con toda la entrega del mundo, para salvar un alma negra y podrida como la tuya... Eso sí, que no te vea en la calle porque te rompo las pelotas, maldito hijo de puta.


En su refriega verbal el sacerdote y el penitente habían alzado demasiado la voz, atrayendo la atención de paseantes, turistas y otra gente piadosa, además de la del hombre de seguridad que vigilaba que nadie metiese la mano en los cepillos ni se llevase los ornamentos de la iglesia, si bien es cierto que dedicaba más tiempo a evaluar las piernas y el busto de las damas que circulaban por el templo, al fin y al cabo él solo estaba ahí por trabajo y no creía ni en Dios ni en el Espíritu Santo. Eso sí, les había endilgado un buen cuento a la curia sacerdotal, de otra forma no hubiera tenido opciones de entrar a trabajar de segurata de la iglesia, un auténtico chollo, por otra parte, jamás pasaba nada que entrañase el menor peligro y el sueldo que daban estos rabinos parecía ajeno a los tiempos de crisis, para que luego dijeran que la iglesia no nadaba en la abundancia.

Así que, aunque era un ateo redomado, también era un profesional de los pies a la cabeza, no había estado en Vietnam pero se había visto todas las pelis del género y contaba con una experiencia teórica al alcance de muy pocos. Por eso, en cuanto apreció que en el confesionario número 15 de la catedral la situación parecía un tanto desbocada, se apresuró a comprobar que todo estaba en orden y que el sacerdote de turno no se encontraba en apuros. Muchas veces los sacerdotes tenían la culpa de esas situaciones de tensión, aunque el se guardaba mucho de levantar semejante acusación, pero la actitud endiosada de algunos de ellos no contribuía a veces a apaciguar los ánimos de gente que acudía humildemente a recibir el único consuelo que les quedaba en la vida, una palabra amable de alguien desconocido, un gesto de aprecio, un rictus de complicidad, un amigo temporal.

Según se acercaba al confesionario, se dio cuenta que el que estaba de guardia era el padre Eufrasio, un pájaro de mucho cuidado, tipo malhumorado, maleducado e incluso mal hablado, aunque sus jefes no quisiesen reconocerlo, porque al mismo tiempo era un pelotaris de arte mayor. Ante esa infausta visión decidió actuar con la máxima cautela posible, no fuese que por aquel necio se le fuese a complicar el día y, lo que era peor, su futuro profesional.

-Perdone, padre Eufrasio, me pareció oir voces a un volumen fuera de lo normal provinientes de este confesionario, está todo OK?
-Todo OK? Pero qué mierda de lenguaje es ese? Es que no le han enseñado a hablar correctamente el cristiano en la escuela o en la academia de seguratas? Vergüenza debería de darle. Y afeítese usted, hijo de Satanás, acaso no se da cuenta de dónde está trabajando, este es un lugar respetable!
-Perdone, padre, no quería molestar, era sólo que...
-Pues está usted molestando y mucho, estúpido, acaso no sabe lo que es el secreto de confesión??
-Bien dicho, padre – terció el penitente – esta gentuza se cree con derecho a meterse en los asuntos de todo el mundo por el hecho de llevar un arma bajo el sobaco y una placa identificativa de los chinos en la cartera
-No te falta razón, hijo mío, pero por desgracia estos hijos de puta son necesarios. Te has fijado en la cantidad de cepillos que hay distribuidos por toda la catedral? Y la cantidad de turistas y demás escoria en bermudas que entra por la puerta principal? Puedes hacer tu mismo los cálculos.
-Padre – intervino el de seguridad – creo que esos temas no debería tratarlos tan alegremente con alguien de fuera, podrían levantar prejuicios, sospechas e incluso, si me apura, incitar al hurto
-Lo que me faltaba! Yo hablo con mis parroquianos de lo que me sale de los cojones, te enteras, cara de orco?
-Bien dicho, padre – volvió a intermediar el penitente -  Váyase a hacer su trabajo con su casaca y su cara de palo, no ha oído al padre o qué? Hay muchos cepillos que vigilar, merluzo. – El vigilante se quedó totalmente paralizado por la reacción de los personajes que tenía delante, además de por sus sinceras aseveraciones, petrificado cual estatatua de sal, incapaz de articular palabra.
-Ya ha oído usted a mi parraquiano, no se quede ahí como un pasmarote, haga algo! Gánese el sueldo, coño!
-Sí, ya voy, perdonen ustedes la intromisión, ya les dejo con sus chismes – y se dio la vuelta sin esperar respuesta alguna, cabreado y quemado por la beligerancia del anciano, pensando que quizás, después de todo, el trabajo no fuese un chollo tan claro como había pensado en un pricincipio.

-Bueno hijo – siguió el anciano como si nada hubiese acontecido – ya veo que a pesar de tus limitaciones eres un hombre cabal y un hombre de fe, me alegro de que hayas decidido dar el paso de acercarte a Jesucristo nuestro señor y limpiar un poco ese alma podrida y llena de mierda que llevas contigo a todos lados, cual sombra de mal agüero. Ahora dime tus pecados, que supongo que serán muchos y procelosos, y yo tengo que estar a las nueve en casa de un amigo, que hoy me invita a lubina fresca recién traída y remojada con un Mencía. Así que canta todas tus porquerías, soy todo oídos.
-Bueno, reconozco que soy un pecador, pero no lo hago adrede, es solo que me sale así.
-Ya, como todos, la culpa siempre es de los demás, sois todos un atajo de puercos. Sigue.
-Bueno, básicamente es que me doy a las drogas, el sexo duro y el robo sin premeditación. Esto último por pura necesidad, los dos primeros vicios me obligan a ello de manera irrefrenable, me comprende?
-Sí, claro, cómo no. Está clarísimo que eres un gran pervertido hijo de puta. Lo tienes crudo para entrar en el reino de los cielos como no cambies, desgraciado. Y dime, que tipo de drogas consumes?
-De todo, soy camello de profesión y puedo conseguir todo tipo de material. Ya comprenderá usted que tengo el demonio en casa, la tentación bajo mi propio techo, así es difícil seguir el camino recto, no cree, padre?
-Ciertamente, no te falta razón, pobre criatura. Empiezo a comprender tus males, y lamento mucho la situación que tienes que vivir. Y dime, no serás tambien un chuloputas?
-Como lo ha adivinado?
-Se te ve en la facha de babosón y de golfo que tienes. Eres un degenerado, un puto engendro del diablo, supongo que el negocio en cuestión también contribuirá a que caigas en la tentación con más asiduidad de la que sería deseable, me equivoco?
-No, padre, acierta de pleno. Pero permítame que le corrija si le digo que deseables sí que son, no vea usted el género que manejo y además tengo como norma evaluarlas antes de proceder a su contratación oficial, ya me entiende...
-Sí, eres un canalla egoísta y un mierdas con suerte, pero eso no te valdrá para entrar en el reino celestial. Lo tienes jodido, puerco, muy jodido, chaval.
-Pero alguna solución habrá, no? Yo no puedo dejar mi negocio así como así, es mi modo de vida
-Tú eres un vicioso y un cerdo, no me vengas como modos de vidas ni pollas en vinagre, estás encantado con esa vida pecaminosa que llevas, se te ve en la cara, cabronazo. Podías mostrar un poco de arrepentimiento, pero ni eso haces...me das asco.
-Lo siento, yo...
-Cállate, estoy pensando, joder. Bien, haremos esto, este viernes doy una fiesta en mi casa. Trae un poco de ese material que pasas y algunas de tus amigas, veré como te podemos ayudar para que salgas de ese pozo. Aquí tienes mi tarjeta. A las nueve de la noche, no faltes, pecador.
-Y la penitencia, padre? – dijo el pecador con gran alivio en su alma inmortal
-Ah, sí... Reza un padrenuestro, y nos vemos el vienes. Y si me ves por la calle haz como que no me conoces, comprendido?
-Sí, padre, gracias, padre
-Largo, degenerado
-Sí, hasta el viernes
-Lleva todo lo que te he dicho o arderás en el infierno, Belcebú de pacotilla
-Sí, padre

4 comentarios:

  1. vuelve un clásico de vpaddle, las historias para no dormir, se echaban de menos.

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    1. Vuelven las historias más truculentas de la red!

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  2. Muy bueno!!!
    Me he reído un rato. Ya hacía tiempo que esta sección no engordaba. Gracias por ello.
    Biquiños.

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    1. Son las entradas que más chollo me dan, pero también las más divertidas de escribir.

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